domingo, 21 de septiembre de 2014

SOBRE LA OBRA “EL SHERIFF DE PANAMA”

Alberto Cabredo y Héctor González

La tarea del escritor no es fácil, antes de publicar una obra debe recorrer un arduo camino para lograr que quien lea se sumerja en ella para hacerla suya tal y cual fue creada o, como ocurre la más de las veces, para hacer nacer una nueva obra desde su propia perspectiva, desde su propia experiencia vital, porque si algo es cierto, es que la realidad no es igual para todos, ya que todos la percibimos desde distintas posiciones y tamices, y por ello, incursionar en la novela histórica no es para nada fácil, pues, como todos sabemos, el tiempo borra y a su vez crea circunstancias que pueden transformar lo histórico en leyenda y viceversa, de allí que el escritor tenga el reto de buscar apego en la fidelidad de los hechos que narra, aún cuando la ficción esté necesaria y ineludiblemente de por medio.

En  este orden de ideas, la novela histórica cumple un propósito, pues como expresaba Maquiavelo: “…todo aquel que quiera saber lo que ocurrirá, debe examinar qué ha ocurrido… puesto que tales acciones son ejecutadas por hombres que tienen y han tenido siempre las mismas pasiones, las cuales, necesariamente, deben ocasionar los mismos resultados.”  Y así, tal como expresa Robert Kaplan en su obra El Retorno de la antigüedad, que “…cuando mayor sea el desprecio por la historia mayores serán los errores respecto al futuro.”
En consecuencia, quien acepta el reto de escribir una novela histórica, como así lo ha hecho el escritor HÉCTOR AQUILES GONZÁLEZ no puede olvidar, que cuando de expresar o dibujar el pensamiento, las sensaciones, situaciones, hechos existenciales, acontecimientos, experiencias o tramas se trata, la palabra adquiere su más grande significado y trascendencia, y se convierte incluso en elemento fundamental para explicar y valorar la experiencia humana, y es por ello que escribir resulta un arte en el que la sensibilidad y la astucia del prosista se complotan, para hacer que lo narrado,   tenga credibilidad, siendo precisamente allí donde radica la magia y la grave  responsabilidad de novelar la historia.
En nuestro país, la novela histórica tiene ya un largo camino, ahí están como ejemplos dignos de mencionar autores como Ramón H. Jurado, Gil Blas Tejeira, Rogelio Sinán, Gloria Guardia, Justo Arroyo, Juan David Morgan, Carlos Cuestas y Andrés Villa, entre tantos otros. Y qué decir de América Latina en general, en donde este género ha sido más que desarrollado. Baste señalar como ejemplos: Doña Bárbara de Rómulo Gallegos, El General en su laberinto de Gabriel García Márquez, La Fiesta del Chivo de Mario Vargas Llosa, y Ahí le dejo la gloria de Mauricio Vargas Linares.
Ahora bien, luego de leer los 36 capítulos y 1,710 párrafos de la obra en comento, puedo expresar a su autor AQUILES GONZÁLEZ que el esfuerzo de regalarnos estos capítulos, por demás sorprendentes de nuestra historia patria, valió la pena. Y como podría ser de otra manera, si hilvana de manera razonada y con buen oficio, bajo la excusa del personaje principal del libro -un pistolero norteamericano llamado Ran Runnels-, acontecimientos antagónicos y asombrosos sucedidos en los albores de nuestra república, cuando aún siendo parte de la República de Nueva Granada, su congreso autoriza la construcción de una ruta ferroviaria para atravesar el istmo de Panamá.
Los hechos relatados en la obra sirven a no dudarlo, para expresar de alguna manera el sinuoso camino de la relaciones entre Panamá y los Estados Unidos de Norteamérica ya desde mucho antes de la construcción del Canal de Panamá. Por cierto, es imperativo resaltar que esta obra es presentada a ustedes cinco (5) días después de la celebración del Centenario de la inauguración de la ruta interoceánica, lo cual constituye una ocasión propicia para recordar que éste Canal -que beneficia al comercio mundial-, fue objeto de una larga lucha patriótica que permite a los panameños administrar de manera independiente y soberana la franja canalera. 
EL SHERIFF DE PANAMA cuenta con múltiples capítulos que exponen esa disputa permanente por el uso y disfrute de las ventajas geográficas del istmo. Allí están reflejadas con maestría desde su primer apartado, LA FRANJA YANKEE, y otros  más  como LA GUARDIA DEL ISTMO, EL STAR AND HERALD, OTRA VEZ EL CUADERNO NEGRO DE RUNNELS, CONFLICTOS INTERNOS EN EL ISTMO y LA GUERRA DE LA SANDÍA (en que se expresan con lujo de detalles, nombres de personajes históricos o no, así como acontecimientos probablemente desconocidos para quienes lean este libro), las permanentes disputas de toda clase y naturaleza que se sucedían desde mucho antes de 1850, fecha en que se inicia la construcción del Ferrocarril de Panamá.
No sería justo omitir que en nuestro criterio, la creación de esta obra debió  implicar para HÉCTOR AQUILES GONZÁLEZ no solo esfuerzo literario sino también investigativo,  pues salta a la vista que el narrador invirtió cuidado al relatar,  pues como ya hemos señalado, el derroche de sitios, costumbres y acontecimientos que se amalgaman en la trama, no dan pie a otra consideración. En este aspecto, es de admirar el capítulo titulado LA GUERRA DE LA SANDÍA, el cual está tan bien relatado y mantiene la tensión y atención del lector de tal manera, que parece estuviésemos leyendo las noticias de un hecho ocurrido tan solo un día antes.
Debo recalcar en consecuencia, la originalidad de AQUILES GONZÁLEZ en el tratamiento de lo imaginario, así como la clarísima atención que presta a la verosimilitud que impone el arte, aunque sea  imposible que todo en la novela coincida con la realidad. Respecto a lo anterior, indica con acierto MARIO VARGAS LLOSA que: “…la ficción no es la vida sino una réplica de la vida que la fantasía de los seres humanos ha construido añadiéndole algo que la vida no tiene, un complemento o dimensión que es precisamente lo ficticio de la ficción, … aquello de lo que la vida real carece pero que deseamos que tuviera –por ejemplo, un orden, un principio y un fin, una coherencia y mil cosas más- y para poder tenerlo debimos inventarlo a fin de vivirlo …” y es que en ésta obra alucinante, AQUILES GONZÁLEZ ha invertido tal empeño narrativo, que la descripción y tratamiento de la ominosa figura de un forajido contratado por la empresa a cargo de la construcción del Ferrocarril transístmico, para acabar a punta de pistoletazos y ahorcamientos con todos los que estorbaran dicha construcción, pone de manifiesto una buena elaboración, facilidad estilística y agilidad expresiva, quedando demostrado su deseo de lograr un buen discurso creativo, a pesar de la cuestionable figura del personaje principal.
En su obra Poesía, narrativa y reflexión, Rodolfo A. De Gracia expresa: “A no dudarlo, la escritura es un producto. El resultado de un complejo, y a veces doloroso proceso, en el que la duda, el miedo, la pasión, …se entremezclan con elementos como la felicidad, la alegría, la satisfacción, y con otros que vienen a ser utilitarios, canalizadores y catárticos, como la ironía, la burla, la parodia, el silencio, etc” Y lo expresado, lo conoce muy bien AQUILES GONZÁLEZ, que a cada paso, cada hecho,  cada dialogo y descripción, tiende un puente hacia el pasado y nos sumerge en ese universo de intereses contrapuestos y luchas de poder de un sociedad caótica, que en medio del desbarajuste, se va cuajando de a poco para abrirse mejores caminos.
Para concluir, quiero hacer hincapié en la estrategia que utiliza AQUILES GONZÁLEZ para terminar la obra, culminando la misma con un final abierto y una pregunta que debe responderse cada lector, naturalmente, no seré yo quien les señale la incógnita que deja el escritor, pues para develarla, deben comprar la obra.
Felicitaciones al autor.

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