domingo, 1 de mayo de 2016

Panamá Defendida de José Franco (Panamá)

Panamá Defendida
I

Entonces fue la Patria
los caminos del indio.
Los playones,
las montuosas
serranías atlánticas,
las salinas del mangle
y los estuarios.
Fue la Patria la tribu,
los juncales,
el fastidio del humo
en los bohíos,
la sierra agreste,
anónima.
Pesarosos, hostiles,
los senderos del hombre
fueron ríos,
cordilleras de rocas
y jaguares.

Del turbulento Atrato
al Chiricano suelo pastoril,
la Patria ha sido siempre
los andantes caminos.
los galopes
del aire inmemorial,
territorio
de tránsito perpetuo.
La selva, las raíces,
la hierba adusta,
huraña,
las pesarosas tumbas
aborígenes,
seguían los pantanos,
las chozas familiares,
las aldeanas inscripciones
cerca de los riachuelos
solitarios,
donde nacen remansos
y marismas,
Y el cardumen remonta
los bajíos.

Simples, rústicos
troncos ágiles,
fueron los indios flechas,
rupestres signos, manos
ornamentales; ollas
profundas de almidón
alfarero.
Modelaron el barro,
las hamacas
del viento forestal,
las estatuarias
costas del Pacifico:
sonoras, armoniosas,
asientos del crepúsculo
y la espiga.
Porque antaño el maíz,
esmalte y fuego,
panal de arcilla roja,
fue corteza
en las 'Chakjaras',
atavío textil,
sueño multicolor
del cántaro y la sangre.

¡Oh cenizas del indio en mi memoria!
Hallo en tu cesta rota
la liturgia
del vaso funeral;
que el hombre es sólo barro,
mortal ánfora,
polvo común del tiempo
y el olvido.
Quizás en la amargura
de la piedra
tu muerte se prolongue,
dulce ocarina lánguida,
sementera filial,
danza de los abuelos
enterrados.

Me remonto a la noche
de tu primo elemento;
eras la red, la trampa
en el harpón, la pesca
humilde en los esteros.
Tus palabras
indagaron la tierra,
las azules
leyendas de los Dioses.
las videncias
del primer jeroglífico
en la luna.
Padre nuestro del Istmo,
candil trate.
Lirio de los volcanes
y el relámpago.
En tu nombre mi Patria
se hace origen,
texto de la palabra funeral,
remota imagen
del llanto memorable.

II

La Patria venía andando
como el agua,
del tiempo de los hombres.
Como de las edades
las herrumbres,
venía del silencio;
de las pesadas ubres
del sollozo.
Venía con los siglos,
con las anunciaciones
de las voces
antiguas,
los despeños
de la carne insepulta.
Andagoya. ¿Recuerdas?
Los indos te contaron
la fábula,
la crónica perdida,
los encuentros
primarios con la muerte.
Con Cristóbal
navegó la conquista,
la borrasca inicial.
los primeros
chubascos de la guerra.
Entonces fue la angustia.
de la chonta
el lenguaje por las ruinas,
el tóxico festín de los detritos.
El tiempo
cuando Ojeda amontonaba
de niños degollados
los cadáveres
y guirnaldas
diabólicas de cráneos
eran los caseríos...
Cuando Nicuesa era un
lamento echado al mar...
Y fue cuando Panquiaco
de brumosas
regiones señalando
las empinadas cimas,
así dijo a Balboa:
Allá donde terminan
las solemnes
aguas del Chucunaque,
más allá del macizo
valle donde Careta
tiene sus poderíos.
Cerca de los pantanos
insalubres de Ponca,
hay un mar generoso,
un imperio profundo.
Allí del altiplano
las soledades mueren
al golpe enardecido
de los vientos perpetuos.

Tristes, ácidos,
amargos, moribundos
por las abandonadas
sembraduras,
por donde las caídas
hojarascas
y las sangrientas noches
agítanse furiosas;
en los atardeceres
lentos, lúgubres,
cuando cohabita el puma.
y el zaino
en el invierno
luce sus harapos...
inútilmente
los caciques
convocaron cabildos,
a las sombras
reuniones de sus dioses.
Mas todo fue agonía,
pérdida
dolorosa de la tarde.

III
En tu retorno, Patria,
con Bolívar,
Tomás Herrera
alondra fue del Istmo.
¿Por qué invoco
su nombre?
¿Por qué canto?
¿Por qué escupo
la piedra
de las genuflexiones?
¿Quién fue?
¿Qué representa?
Hoy invoco su nombre
como invoco
a Justo Arosemena.
Las fechas sostenidas
en las puntas
del venablo,
del ingenio
y las viejas sepulturas.

Hoy invoco sus nombres
porque el barro
donde crece la Patria
que un día
lo formaron los valientes,
los ilustres,
los patriotas
como el buen
Santiago de la Guardia,
necesario es amarlo
en perenne actitud,
en anhelos de vidas
y de diálogos.

La Patria es una perla,
una conducta azul,
un lecho en vano herido.

Siempre la Patria fue
destino exacto,
múltiple reflexión
y manifiesto.
Cual si de pronto
un río se desbordara
por el pulmón
de América y las horas,
como si las vigencias
de los túmulos
roturaran el cántaro
de los sueños remotos.
Cual si las policromías
del barro
y las vegetaciones coronadas
clamaran por sonrisas
y palomas,
así la libertad
era a tus playas
galope prolongado,
alusión del origen
hacia América,
abonada por dulces ataúdes,
florecidos
en las profundidades
de la tierra.

Porque reclinado
al manso animal
de su alma
el hombre nace,
besa los abrigos
crepusculares
de los pájaros;
y cae
e implora
y muerde el polvo,
atado a las raíces
del devenir principio
sustentado.

¡Oh, baúl de cadáveres,
el tiempo!
América es la Patria
de los indios,
América es la Patria,
de los negros,
América es la Patria,
de los hombres
amarillos y blancos,
porque la tierra es única
y amable.
¿Dime si no es el porvenir
que canto
cultivada
ternura en lo terrestre?

Entonces Hidalgo era
la Patria, San Martín
y las tumbas de los héroes.

IV

Te comparo, de nuevo
Patria mía,
con un joven indígena,
con un joven maíz,
fruto de tierra y sol,
de lejanas canciones
Y de vientos.
Para tu sed de siglos
la tierra fue tu origen;
América, tu casa,
el tiempo, tu navío
al mañana
partiendo irremediable.

El tiempo es Dios Universal,
mi Patria.
Humanamente busco
otra fuente más pura.
Lo encuentro
en la terneza (le la piel,
en el agua,
en el aire del futuro,
como un águila
de alas extendidas
vigilando a los hombres
cual polluelos.
El tiempo
es el olvido de la muerte.
La muerte una morada
de escombros y palabras.
En la montaña, el viento
es un panal silvestre,
un trino popular,
un riachuelo de alhajas.
un techo
por donde andan
los crepúsculos.
Libre como el relámpago
es el viento.

Mas, ¿Hay acaso flor
abierta más hermosa
que la sutil mansión
de la paloma?

¿En dónde está la Patria?
me preguntan
mil manos campesinas,
jornaleras .
Está aquí
-les respondo- 
junto al tiempo,
junto a los cafetales
y a las plantas
más hondas de los ríos;
frente a las comunales
agonías
de la noche
donde en llamas
madura el corazón.

Está aquí
-les repito- 
cual los garfios
de antiguo guayacán
asido al fondo
de la tierra,
cual indígena joya,
insondable,
que lavan los ríos
subterráneos.
Está aquí como un grito,
como un cristal
perpetuo de relámpagos,
como un filo especial
de roca y sangre.
Está en las humedades
de los bajos,
en la soloma intacta,
en los profundos pies
del monte y los caminos.

La vieron
los fluviales girasoles
en la fosforescencia
de los troncos
anónimos, perdidos,
del buen cereal
y la madera pútrida .
Porque el día vendrá
en que por las planicies,
por las altas vertientes
erizadas,
por los difusos símbolos
del pasto y los jardines,
vendrán los combatientes
hijos de Urraca,
los aldeanos
taciturnos,
no a reconquistar sitios,
ni ciudades,
sino a exigir terruño,
paz y Patria final.

Son los hombres fecundos,
los humildes,
los que nunca
fueron Dioses
y fueron
tristes
y fueron contemporáneos
esclavos de los hombres.
Por eso cada aurora,
cada tarde
en que el monte
se llena de protesta,
y derrumban
los cercados
y cortan alambradas
los labriegos,
y prenden las montañas,
y encienden
mil lámparas de gritos, y
hay salomas intensas
como llantos
y machetes
rondando las campiñas,
se abre una trocha más,
se abre la puerta hermosa
de la espera.

V

Patria mía,
cuántas veces
tus horas
son horribles cloacas,
oscuros pozos
de miedo estremecido.
¡Cementerios de tristes excrementos!
Te miro a veces, Patria,
como un túnel
de cruces y burdeles,
como un golpeado muro de cantina.
Espectros insaciables
cual brujas mitológicas,
chupan tu sangre pura,
cortan tu sangre humilde,
tus manos temblorosas como pétalos.

Lucho y tomo mi ruta,
la señal venidera...
sereno estoy, de frente
ante un desfile
omnímodo de lanzas,
ante las longitudes luminosas
del trino, y los aullidos
undívagos del lobo
nocturnal del destierro.
Porque en los villorrios
como en las ciudades
de esta Patria aturdida,
muerden los canes de la angustia,
mugen los toros de la tisis,
braman los trapiches
del hambre en las
huesudas manos frías
del mendigo cubierto de cenizas...

También 'The Canal Zone'
es una brasa ardiendo,
Patria mía.

Si fuera el canal
un sitio dulce,
si fuera un
sendero de alborozo,
si abriera sus compuertas
a la dicha
del hombre sin remilgos;
si la bandera nuestra
tremolara en sus aguas.
Si no decapitaran
la alegría...
iríamos contigo,
saludando,
haciendo un mundo bueno.
Sería el canal un sitio puro,
un eterno vehículo de amor.

Pero la gruta rubia del gold roll
ha sido un cráter sucio
de esputo y pus, de huesos
y carne devorada.
Porque mientras exista un silver roll
de negros y un gold roll de blancos,
y haya un prostíbulo
por cada dólar
que penetre en nuestra tierra,
y los indios se pudran
como tallos
junto a las plantaciones
de banano,
no habrá paz.
Ni habrá fundamentales
regocijos,
ni habrá un mantel de amor
para el dolor antiguo de la patria.

Cuando termine la tristeza, cuando
no haya mendigos y haya frutos, cuando
sean las horas joyeles de alegría
y la leche no falte en los manteles,
cuando no se lastime la ternura
de las recién paridas madres jóvenes,
y los ríos extraños busquen sitios
a sus banderas de aguas amorosas,
cuando los barcos -islas errabundas del
pueblo universal lleven la paz;
seguiremos creyendo en tu memoria.

La Patria nunca muere.
Vive como una daga,
como un rastrillo joven.
La Escuela
y los dulcísimos claveles
de los textos;
los oficios heráldicos
del fruto colectivo,
los goznes
de los céspedes del cosmos;
los leales territorios;
óbrenle el corazón
como una rosa.

Cantemos por su nombre.
Amemos su estructura
en los colegios,
un pensamiento suyo
en cada tarde.
Que vuelva la República
a su justo
litoral de alegrías.
Que vuelva la República
a su austero
ramaje de esperanzas.
Iluminen la Patria
los auténticos,
los tributarios guías
del pueblo laborioso.
Que la Patria es el istmo,
América y el Mundo.

EPILOGO

Oh, mi país amado,
Panamá.
Lirio continental,
sutil aroma ungida
al pórtico de América.
Te han golpeado
hasta en tus oquedades,
Patria mía.
Antaño fusilaron
tus indios,
los solemnes atabales,
los tambores
del adiós sin retorno.
Más tarde
fue molienda tu cintura,
jazmín heroico
tu ombligo asesinado.
Aún te siguen golpeando,
Patria mía.
Sin embargo,
mañana serás júbilo,
podré mirarte alegre,
oler tu casa limpia,
sentir la aurora libre
sobre tu patrimonio.

Junto a tu corazón,
mañana, te lo juro,
cantaremos un himno
por la vida.

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