domingo, 11 de diciembre de 2016

Poema de Aura Méndez de Canova (Panamá)

ESTAS EN LA PIEL DE LA AURORA

Se estremecen los silencios
en las pupilas del amanecer
vuelan pájaros estridentes en su rostro
beben lágrimas rotas
del lecho casi inexistente.
Hay lumbre en mis dedos silenciosos...
Aún florecen en nuestros cuerpos geométricos…
Tintas viejas y peces rojos;
me quedan espinas rotas sin astillas;
raíces cálidas en la copa azulada,
palpitan nuestros cuerpos
en los espejos del amanecer…
Allí se calcan labios atados de sueños.
Los vacíos de lunas
se llenan de espantos
y la sangre llama sed entre gaviotas.
Veo tu alma desnuda
tatuada de poemas
llenas con tus ojos
mis siglos y quimeras.
Llega la fertilidad en las sienes de la aurora
aparecen acuarios vivos en nuestros rostros.
Se encrespa una llovizna de recuerdos en la sangre,
ahora hay destellos de frases vencidas...
Y pasiones.
Las esquinas de hoy
corren tras latidos
de la esfera fundida de siglos.
¡Amaneceres sin fechas!
Voces de aurora tejen este idilio ya existente
en el libro vulnerable del amor.
Nuestra garganta unifica
labios incandescentes
exhala luz el horizonte joven.
Somos dos en las envolturas de las llamas;
el paisaje suspende
su impetuoso aullar
y entrelaza hombre y mujer en el albor…
Se funden besos desteñidos
junto al viento solar;
la piel de la aurora
crece en nuestros brazos
y en los pechos verdes que vomitan humo frío.
Te imaginé vulnerable como bruma de octubre
ahora nuestros cuerpos se transplantan.
Se destiñe el umbral de los recuerdos
y se asoman los ayes oxidados
¡Iracundo destino!
Forja a olvidar trazos vivos
rehuyen los sorbos del amor...
Meridianos desgastados... absortos.
Ahora contemplo quietud
en las violetas del amanecer;
se disgregan los recuerdos en los dedos
de la esfera abierta en llamas.
Hoy la sangre se aferra al silencio inexplicable
se aturde la lluvia
en el ocaso del amanecer
quedan tenues murmullos
ecos en la piel y memoria.
Vuelvo al periplo de mi pueblo vacío
recorro el manantial acordonado de quietud
y una frágil llama circula en los poros
de la aurora ebria.


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